En
México se cuenta con varias especies amenazadas y en peligro de extinción, esto
se debe a varios factores en donde el hombre es principal responsable.
Lamentablemente
en este país no existen los suficientes especialistas en las diferentes
disciplinas ecológicas, por lo que muchas veces se realizan investigaciones
siguiendo modelos extranjeros y no según las necesidades del país azteca.
Aquí
presento algunos de ellos:
Cóndor
de California
Ajolote
Carpintero
imperial
Cocodrilo
americano
Foca
monje del Caribe
Guacamayo
verde
Hurón
de pies negros
Jaguar
Lobo
gris mexicano
Lobo
rojo
Manatí
de las islas occidentales
Mapache
de Cozumel
Mapache
de las tres Marías
Oso
mexicano
Perrito
llanero mexicano
Tapir
Tejón
o tal coyote jeffersoni
Tiburón
ballena
Tiburón
blanco
Tiburón
martilló gigante
Flamingo
Oso
gris
Halcón
peregrino
Tortuga
de Carey
Águila
Arpía
Oso
hormiguero
Armadillo
de cola desnuda
El
mono araña
Mono
aullador o saraguato
El
ocelote
Vaquita
marina
Tepiringo
LA
EVOLUCIÓN A SALTOS BRUSCOS
En
la naturaleza la estricta relojería de la evolución, que marcó la entrada y
salida de cada especie, se está acelerando. Unas fueron haciéndose a un lado
para que progresaran otras, mejor adaptadas; pero ahora hay mano negra, la del
hombre, ese animal cuya especie está modificando el tic tac del reloj y sin
rubor se está deshaciendo de todas las demás especies.
Al
parecer sólo quiere dejar espacio para que siga aumentando vertiginosamente la
población de animales domésticos y sus congéneres, y expulsar del paraíso a los
animales salvajes, provocando con ello una catástrofe ecológica en el mediano
plazo.
Lo
más lamentable de la extinción es que cuando muere el último individuo de una
especie, con su cadáver se sepultan las innumerables adaptaciones que se
produjeron a lo largo de millones de años. De esto la historia registra varios
ejemplos trágicos, como la desaparición del dodo (Raphus cucullatus) en la isla
Mauricio, cerca de Madagascar, un ave de gran tamaño que fue acosada y
aniquilada en unos cuantos años, o la paloma migratoria (Ectopistes
migratorius), de plumaje azul, rojo y blanco, que fue cuantiosa hasta el siglo
XIX.
Se
estima que sólo en América del Norte y parte de América Central hubo más de dos
mil millones de palomas que surcaban los cielos y poblaban los árboles, pero en
la última década de ese siglo y debido a la destrucción sistemática de su
hábitat, el bosque, apenas quedaron unas cuantas que fueron cazadas por su
carne, tan apetecida.
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